
"San Francisco arrodillado en meditación, una pintura cautivadora de 1610, nos adentra en el mundo espiritual de su protagonista. Expuesta en el estimado Museo Lázaro Galdiano, esta obra, que mide 0,94 metros de ancho por 1,4 metros de alto, es un testimonio del poder imperecedero del arte religioso. El artista, cuyo nombre permanece desconocido, captura magistralmente la esencia de la devoción de San Francisco. Lo vemos en un momento de tranquila contemplación, su postura sugiere tanto humildad como una profunda conexión con lo divino. El uso de la luz y la sombra por parte del artista enfatiza aún más el enfoque interior del santo, invitándonos a hacer una pausa y reflexionar junto a él."
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