
Este exquisito retrato, que se encuentra en la Galería Weiss, nos presenta a Magdalena de Francia, la tercera hija del rey Francisco I y la reina Claudia. Pintada en 1522, cuando Magdalena era solo una niña, la obra captura su encanto juvenil y porte regio. nn El artista desconocido retrata a Magdalena de busto para arriba, con su cuerpo sutilmente girado hacia la izquierda como captada en un momento fugaz. Su mirada, sin embargo, es directa y cautivadora, atrayendo al espectador a su mundo. Su piel clara y mejillas rosadas irradian la lozanía de la juventud, mientras que su cabello rubio, parcialmente oculto por un delicado tocado blanco adornado con bordados dorados, insinúa su noble linaje. nn El vestido blanco de Magdalena, con su escote cuadrado y mangas abullonadas, enfatiza aún más su inocencia y pureza. En sus manos, sostiene delicadamente un sonajero dorado, símbolo tanto de su juventud como de su estatus real. El artista utiliza magistralmente la luz y la sombra, iluminando el rostro y las manos de Magdalena contra el fondo oscuro, atrayendo nuestra atención hacia sus delicados rasgos y los intrincados detalles de su atuendo. nn Este pequeño pero cautivador retrato, que mide tan solo 0,127 metros de ancho y 0,161925 metros de alto, ofrece una visión de la vida de una joven princesa en la corte francesa, inmortalizando la fugaz juventud de Magdalena para los siglos venideros.
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