
"Venus y Vulcano", una pintura cautivadora de 1754, nos introduce en el corazón de un encuentro divino. Expuesta en la Colección Wallace, esta obra a gran escala, de 0,715 metros de ancho y 1,645 metros de alto, representa a la diosa romana del amor, Venus, y a su improbable consorte, Vulcano, el dios del fuego y la metalurgia. Venus, de pie y desnuda en toda su belleza etérea, mira a Vulcano, quien está sentado y parcialmente cubierto por una tela carmesí. Su poderosa mano se extiende, como para acariciar su brazo, su mirada fija en ella con anhelo. El aire a su alrededor vibra con un deseo silencioso. nn Unos traviesos querubines, algunos revoloteando sobre la pareja y otros jugueteando a sus pies, se suman a la intimidad de la escena. Un pícaro querubín sostiene en alto una antorcha encendida, simbolizando quizás la chispa de la pasión entre las dos deidades. El artista baña magistralmente la escena con una luz suave y celestial, destacando las figuras sobre un fondo de nubes arremolinadas y un cielo azul sereno. En la base de la composición, encontramos las herramientas y el yelmo de Vulcano, un sutil recordatorio de su oficio terrenal en contraste con la belleza divina de Venus.
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