
Instalado en una pensión de l'Estaque, cerca de Marsella, Georges Braque quedó fascinado por la luz que allí descubrió. En este paisaje, representa un callejón sembrado de árboles mientras incluye una vida humana con las casas mediterráneas, revelando al fondo la discreta vista al mar.
Se inspira en Paul Cézanne al romper las sombras y las luces, gracias a los colores brillantes, que se articulan para formar una composición armoniosa.
Georges Braque se encuentra todavía en los inicios de su carrera, cuando se interesa por el fauvismo y del que será uno de los primeros representantes junto a Henri Matisse y André Derain.
Esta pintura instintiva, en la que simplifica las formas en favor de la audacia cromática, lo lleva a cuestionar las líneas y los colores de sus composiciones, llevándolo poco a poco al cubismo.
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