
Ante usted se encuentra "Retrato de una mujer", una cautivadora pintura de Louis-Léopold Boilly, parte de la estimada colección del Museo Metropolitano de Arte. Creada en algún momento entre 1781 y 1845, este retrato íntimo mide delicados 17,5 centímetros de ancho y 22,2 centímetros de alto. La pintura presenta una vista cercana de una mujer de tez clara, con el cabello oscuro y rizado, elegantemente peinado y adornado con una diadema dorada. Viste un suave vestido de color beige claro o blanco roto, cuyos voluminosos volantes en el cuello y las mangas añaden un toque de elegancia. Una cinta o faja más oscura, quizás azul, ciñe su cintura. Delicados pendientes que parecen perlas completan su atuendo. Su expresión es serena, su mirada se dirige suavemente lejos del espectador, creando una sensación de tranquila contemplación.
El artista emplea una paleta de tonos suaves, predominantemente tierra y cremas, que contrastan maravillosamente con el fondo oscuro e indefinido marrón. La iluminación suave y difusa resalta sutilmente las sombras alrededor de sus ojos y los pliegues de su ropa, confiriendo una notable sensación de profundidad y volumen a la obra. El efecto general es un retrato sencillo pero profundamente atractivo, que se centra en el parecido de la mujer y los detalles de su atuendo de época, ofreciendo una visión de la moda y el estilo de finales del siglo XVIII o principios del XIX. Es una representación verdaderamente bella e íntima.
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