
"Romeo y Julieta en la tumba de los Capuleto" de Eugène Delacroix, pintada en 1850, captura el clímax trágico de la atemporal historia de amor de Shakespeare. Esta obra, que se encuentra en el Museo Nacional Eugène-Delacroix, mide 0,265 metros de ancho por 0,35 metros de alto, atrayendo nuestra atención hacia la íntima representación del dolor. Delacroix baña la escena en una penumbra sombría, iluminada únicamente por una fuente de luz que enfatiza a la inerte Julieta, envuelta en un vaporoso vestido blanco, en los brazos de Romeo. Su cuerpo, desnudo de la cintura para arriba, cuelga sin vida, su brazo cae inerte. Romeo, envuelto en la sombra, la acuna, su rostro marcado por la angustia. Una figura en sombras, apenas visible en el fondo, permanece de pie con las manos juntas, quizás en señal de duelo u oración, lo que se suma a la pesada atmósfera de pérdida y desesperación. El escenario, probablemente la tumba de los Capuleto, se sugiere por el interior tenuemente iluminado y el arco de la puerta detrás de los amantes. Delacroix utiliza magistralmente la luz y la sombra para realzar el dramatismo, guiando nuestras miradas hacia el corazón de esta trágica escena. La paleta de colores apagados intensifica aún más el ambiente sombrío de la obra, dejando una huella imborrable de amor perdido y las devastadoras consecuencias de las familias enfrentadas.
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