
¡Bienvenidos a todos! Ante ustedes se encuentra Retrato de Maria van Arckel, de tres cuartos de cuerpo, sentada, ante una balaustrada, una cautivadora pintura al óleo sobre lienzo del renombrado artista holandés Bartholomeus van der Helst, creada en 1655. Este notable retrato, que mide 0,962 metros de ancho y 1,117 metros de alto, forma actualmente parte de una colección privada.
El cuadro presenta maravillosamente a Maria van Arckel, una mujer mayor, sentada en una vista de tres cuartos. Su expresión digna y las sutiles líneas de su rostro hablan mucho de una vida vivida con gracia y compostura. Su cabello oscuro está cuidadosamente recogido, parcialmente oculto bajo un gorro oscuro. Lleva un elegante vestido de terciopelo oscuro, cuya riqueza de la tela se sugiere sutilmente mediante el hábil uso de la luz y la sombra del artista. Una camisa de lino blanco nítido con un amplio cuello, adornado con lazos oscuros, asoma por debajo del terciopelo. Puños de lino blanco similares acentúan sus mangas. Un delicado collar de perlas y un anillo de oro en el dedo anular derecho añaden toques adicionales de refinamiento. En su mano izquierda, sostiene un abanico parcialmente visible y ornamentado, que insinúa un delicado tono rosa, un accesorio común en los retratos del siglo XVII, quizás simbolizando la fugacidad del tiempo.
El fondo es un paisaje pastoril cuidadosamente representado, pintado en suaves verdes y marrones. Colinas ondulantes, árboles y un horizonte lejano se extienden bajo un cielo lleno de nubes blancas y esponjosas, creando una sensación de profundidad y tranquilidad. Una vid de hiedra verde oscuro oscurece parcialmente una silla de madera oscura a la derecha de la retratada. La paleta de colores general es tenue, con los tonos oscuros del vestido y el fondo contrastando maravillosamente con los tonos más claros de la piel de María y el lino blanco. La suave luz que cae sobre su rostro y sus manos realza el realismo y la tridimensionalidad del retrato.
Esta pintura es un excelente ejemplo de la pintura de retratos holandesa del siglo XVII, mostrando la maestría del artista en el realismo y su capacidad para capturar la tranquila dignidad y la refinada elegancia de su sujeto. El fondo paisajístico sugiere sutilmente la riqueza y el estatus de María van Arckel, enriqueciendo aún más la narrativa de esta fascinante obra de arte.
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