
Al igual que las costas mediterráneas, Courbet se encontró con los paisajes de Normandía a partir de 1841. Cuando regresó a Deauville y Trouville en la década de 1860, Courbet pintó una serie de Marines en los que testimoniaba su fascinación por el mar y por sus olas.
En esta Marina, Courbet anima el cielo, el agua y la tierra, que llega a confrontar y reconciliar gracias a su paleta de colores. No duda en representar elementos atmosféricos, que acentúan el tumulto del Canal de la Mancha, haciendo que las olas se agiten hasta llegar a la playa. Los mares y cielos de Normandía le brindan nuevos temas, y le permiten traducir la forma de un poder salvaje y natural, a través de la materia.
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